El Caos

 

Un Infierno de Verdad

 

Por EDUARDO CESARMAN *

 

EL estado de caos es de irreversible indiferencia. En dirección al caos no hay síntesis dialéctica posible. Nuestros razonamientos dialécticos sólo son posibles en dirección al orden, a contracorriente, hacia la síntesis máxima. Caos, para los antiguos griegos, era el vacío que había en el cosmos antes de que las cosas "aparecieran" en él. El Antiguo Testamento relaciona el caos con el desorden. Caos es orden que se desmorona, luz que se apaga y vida que se extingue. Hablar de caos es referirse al orden que se desintegra. Por ello, caos, oscuridad y muerte existen en medida de la ausencia de orden, luz y vida. Un orden menguado es más real que un caos exaltado. Caos es todo lo que nos amenaza desde adentro y desde afuera. Caos es equilibrio, homogeneidad e indiferenciación. También es caos la incapacidad de un sistema para producir trabajo de manera espontánea. Es caos la ausencia de información y la incapacidad para utilizarla cuando existe.

 

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SIN aporte de energía libre, del caos nunca se genera orden. Sólo la vida es capaz de recrear el orden. Se produce caos en los grandes cataclismos de la naturaleza, con las violentas explosiones cósmicas que suceden en lejanas galaxias y en la lenta combustión del Sol, en los terremotos que sacuden a nuestro insignificante planeta y en toda clase de catástrofes telúricas. Hay caos en los campos erosionados, en las tierras estériles y fatigadas, en los bosques talados, en los desiertos, en las aguas contaminadas, en las especies que se extinguen, en la basura que crea la industrialización, en el abuso de las reservas de energéticos orgánicos y en las consecuencias del uso de la energía nuclear. El caos se cierne sobre aquellos hombres que padecen hambre o son víctimas de enfermedad física o mental. Sobre aquellos que desconocen su realidad, su mundo interno, la estructura que los puede identificar; sobre quienes viven deformados y desvirtuados. Son los que tienen la percepción embotada, los que ven sin mirar, los que oyen sin escuchar, los que aprenden sin entender, los que quieren sin amar. Los que ya no pueden conocer la realidad del mundo externo que los rodea. Van al caos aquellos seres humanos que existen en una sociedad que distorsiona los valores, que los hace ir en busca de logros y metas inalcanzables, que los hace perder la perspectiva de su papel en la vida que los embarca en la falsa pretensión de querer abarcarlo todo, de conocer todo superficialmente, de vivir toda clase de experiencias, de ser todo, de tenerlo todo, de "realizarse". Va al caos el hombre que tiene exigencias distorsionadas y excesivas de sí mismo. Aquel que no utiliza la información con sabiduría. Aquel que no ha podido integrar el conocimiento a una estructura emocional madura y evolucionada, el que es incapaz -dentro de los estrechos límites que plantea la existencia social- de ejercer la libertad para afirmarse como individuo. Hay caos en la hipocresía racionalizadora, en una actitud seudohumanista, en la prostitución de la razón y en la vulgarización de los conceptos de la filosofía y de la ciencia.

 

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EXISTE caos en una sociedad homogeneizada tanto en la materia como en la tecnificación deshumanizada y absurda. En una vegetan los hombres humillados, desolados, desamparados, desalentados y engañados; en ella, el niño fallece de inanición, los jóvenes mendigan sin estudio, sin empleo y sin futuro. En la otra, los hombres llevan una existencia cosificada en la rutina y en la burocratización, sin estructura, sin familia; se entretienen con la trivia, la frivolidad y el mal gusto y confunden los medios con los fines. Se consumen en el consumo, se transportan solitarios en automóviles que congestionan autopistas o aprisionados en sistemas colectivos de transporte. Los que habitan el caos de atmósferas contaminadas y quienes los crean en sus alrededores, protegidos en sus cápsulas de aire acondicionado. Los hay que sufren los efectos del caos de la violencia y los que ejercen la violencia. Nunca podría ni debería admitirse que el caos sea la existencia del ser humano.

El caos no es una figura de la retórica ni una forma poética del lenguaje. El caos es más que una apreciación estética del Universo o que un juicio moral sobre la existencia del hombre. El caos es una realidad cuantificable de la física, la más natural de las ciencias naturales. El caos es entropía.

 

* Médico